lunes, 15 de octubre de 2007

Misterio


Si tu alma pura es un broche que para abrirse a la vida quiere la calma adormida de las sombras de la noche; si buscas como un abrigo lo más tranquilo y espeso, para que tu alma y tu beso se encuentren sólo conmigo; y si temiendo en tus huellas testigos de tus amores, no quieres ver más que flores, más que montañas y estrellas; yo sé muchas grutas, y una donde podrás en tu anhelo ver un pedazo de cielo cuando aparezca la luna.
Donde a tu tímido oído no llegarán otros sones que la tranquilas canciones de algún ruiseñor perdido.
Donde a tu mágico acento y estremecido y de hinojos, veré abrirse ante mis ojos los mundos del sentimiento.
Y donde tu alma y la mía, como una sola estrechadas, se adormirán embriagadas de amor y melancolía.
Ven a esa gruta, y en ella yo te diré mis desvelos, hasta que se hunda en los cielos la luz de la última estrella, y antes que el ave temprana su alegre vuelo levante y entre los álamos cante la vuelta de la mañana, yo te volveré al abrigo de tu estancia encantadora, donde al recuerdo de esa hora vendrás a soñar conmigo...
Mientras que yo en exceso de la pasión que me inspiras, iré a soñar que me miras e iré a soñar que te beso...

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